La gente no puede dejar de hablar de estas ocho cosas de los Oscars

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Y los monstruos reclamaron su reino: La forma del agua triunfó con cuatro estatuillas: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Banda Sonora y Mejor Diseño de Producción. Los Oscar celebraron anoche su 90º aniversario mirando al pasado con cariño, mirando al futuro con esperanza y, sobre todo, mirando a las criaturas que llevaban 90 años relegando a las sombras y al silencio. Como ya se han hecho mayores, los Oscar quisieron asumir su condición de referente cultural: el mundo entero les observa y, dado que este año hemos descubierto sus miserias más tenebrosas y sórdidas, no pueden seguir fingiendo que sus alcantarillas no huelen.

Por eso quisieron erigirse como un modelo de conducta. Pero la ceremonia más política de la historia no ha estado exenta de música, de luces ni de extravagancias porque, al fin y al cabo, esto es Hollywood. El único lugar donde la política es un espectáculo, los blockbusters pueden ser herramientas de denuncia social y la lucha contra el acoso sexual puede volverse un entretenimiento televisivo.

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https://elpais.com/elpais/2018/03/05/icon/1520216956_927659.html

Sí, una película de amor sobre dos hombres es cine gay

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En 1982, Michael Caine y Christopher Reeve protagonizaron lo que en Hollywood todavía se conoce como “el beso de los 10 millones de dólares”. Esa es la cifra que, según la industria, La trampa de la muerte dejó de recaudar por mostrar el beso en cuestión. La publicación de este detalle de la trama en la revista Time antes de su estreno (a todas luces un spoiler, pues el thriller mantiene en secreto durante la mayor parte del metraje la motivación romántica de los personajes para cometer un crimen) perjudicó la viabilidad comercial de la película. “Christopher Reeve me contó que en un pase en Denver, Colorado, el público abucheó la escena” recuerda el historiador Vito Russo en El celuloide oculto, un documental de 1995 sobre las veladas referencias LGTB insertadas en el cine a lo largo del siglo XX. Un rechazo similar al que relata Jordan Schildcrout en su libro Murder Most Queer cuando alguien gritó en la sala de cine “No, Superman, ¡no lo hagas!”.

En 2018, 36 años, dos generaciones y una ganadora del Oscar de temática gay (Moonlight) después, la conversación en torno a cómo se promocionan las películas LGTB prendió fuego (bueno, chispas, porque en la comunidad LGTB hasta las polémicas son minoritarias) en las redes cuando este miércoles la cadena de multisalas Cinesa tuiteó una imagen promocional de Call Me By Your Name en la que Elio (Timothée Chalamet) le sonríe a Marzia (Esther Garrel). La frase que acompañaba la romántica fotografía era “Elio y Oliver descubrirán la embriagadora belleza del despertar sexual a lo largo de un verano que cambiará sus vidas para siempre”. Cualquier persona que no sepa qué es Call Me By Your Name (y, en contra de lo que puede parecer en Twitter, son muchas) entendería que Chalamet interpreta a Oliver y Garrel a Elio y asumiría que la película relata una historia de amor adolescente heterosexual. Vamos, lo que el espectador medio conoce como “una historia de amor adolescente”.

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