De cómo la trilogía erótica más famosa de la década cayó en la rutina sexual

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Jay Gatsby, el antihéroe romántico de F. Scott Fitzgerald, era mucho más feliz cuando deseaba a Daisy Buchanan que cuando por fin la conseguía. Casi un siglo después, otro apuesto millonario, Christian Grey, se enfrenta a la inevitable decepción que implica materializar sus caprichos: han pasado tres películas y ya está cayendo en la monotonía sexual con su pareja, Anastasia Steele. La escena más exuberante de Cincuenta sombras de Grey (2015) era la negociación del contrato que determinaba lo que él podía y no podía hacerle a ella en la mazmorra. Cincuenta sombras de Grey funcionaba porque era un relato sobre los preliminares: hay polvos mejores y peores, pero los preámbulos nunca defraudan.

Y entonces, hicieron el amor.

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