12 películas revolucionarias en los 90 que hoy han quedado obsoletas

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Los cinturones de tachuelas. El Candy Crush. La música de Muse. Todos los bastiones culturales parecen muy modernos hasta que dejan de serlo. Y lo mismo pasa con los valores, la ideología y las revoluciones. Estos filmes tienen dos cosas que común: que siguen molando como el primer día y que, sin embargo, su condición de obras transgresoras resulta hoy entrañable como un tigre adoptado por una camada de gatitos. Regresar a ellas demuestra que el mundo, le pese a quien le pese, solo avanza hacia adelante. Aunque a veces no lo parezca.

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Por qué ‘El guardaespaldas’ es mucho más transgresora de lo que parece

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–¿Estarías dispuesto a morir por mí?
–Es mi trabajo
.
–¿Y por qué?
–Porque no sé cantar.

El guilty pleasure, o placer culpable, es un término intrínseco a nuestra generación. Se popularizó en 1981 cuando la distribuidora de Queridísima mamá (el involuntariamente cómico biopic de Joan Crawford orquestado a mayor gloria de Faye Dunaway) se dio cuenta de que la película atraería a más espectadores si la campaña promocional les prometía que “es tan mala que se vuelve buena”. Desde entonces, la cultura popular ha asimilado el concepto de guilty pleasure para justificar aquellas películas, canciones o programas de televisión que nos da cierta vergüenza reconocer que nos encantan. En la música está habitualmente asociado a canciones pop que se pegan como un chicle; en la televisión, a programas sensacionalistas de los cuales no podemos apartar la mirada como si fuesen un accidente de tren; en el cine, a las películas para mujeres.

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‘El guardaespaldas’ es mejor película de lo que dicen

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“Me encanta esta película, aunque reconozco que es mala…” es una frase habitual en cualquier conversación sobre cine. Una incoherente forma de menospreciar nuestro propio gusto: si nos encanta, algo bueno tendrá, ¿no? Es una frase que anticipa el ataque, una frase que sugiere años de haber defendido la película y ser hasta ridiculizado por disfrutar con ella. Por eso algunos espectadores sienten la necesidad de justificarse.

Pedir disculpas porque disfrutamos con una película que mucha gente cree que es mala (el condescendiente término anglosajón guilty pleasure)está asociado habitualmente a las películas protagonizadas por mujeres.Este artículo no es un debate sobre el rol de la mujer como espectadora de cine, pero no nos engañemos: ningún hombre dirá jamás “me flipa La junga de cristal, aunque sé que es mala”.

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