“El proxeneta de las estrellas”, ¿heroicidad o sensacionalismo?

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En diciembre de 2011, siete meses antes de morir, Gore Vidal le pidió a su amigo Scotty Bowers que le pusiese en contacto con Bob. Ni siquiera sabía si estaba vivo o muerto, pero quería verle por última vez. Bob había sido su amante en los años 60 y, hacia el final de su vida, Gore Vidal sintió un ataque de nostalgia, romanticismo y curiosidad. O como asegura Scotty Bowers, “a Gore le gustaba Bob porque había estado en la marina y tenía la polla como el brazo de un bebé”. Bob era un chapero y Scotty fue el proxeneta que, a cambio de una ínfima comisión de 20 dólares, le puso en contacto con Vidal en los años 50. Ahora el documental Scotty And The Secret History Of Hollywood desvela la lista de clientes VIP de Bowers, “el proxeneta de las estrellas”, pero huye de toda sordidez, sensacionalismo o malicia: este documental está planteado como un entrañable relato de superación y libertad.

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http://www.revistavanityfair.es/actualidad/cine/articulos/scotty-bowers-proxeneta-hollywood-dorado-gore-vidal-rock-hudson-cole-porter/31844

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Así se ocultó la relación homosexual de ‘Ben-Hur’

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Dos hombres se reencuentran tras varios años separados. Judá Ben-Hur y Messala no pueden contener su alegría: se agarran el brazo, se miran fijamente y de arriba abajo con media sonrisa, se rozan las manos al compartir una copa y no pueden evitar reír con nerviosismo. “Después de tantos años, todavía cerca”, “sí, en todos los sentidos”, “te dije que volvería”, “no creí que lo hicieras, estoy tan feliz”…

Son frases que pueden interpretarse como declaraciones de amor. La escena culmina con Ben-Hur y Messala sorbiendo vino de sus cálices con los brazos entrelazados y mirándose intensamente. Según el guionista de la más grande película de romanos jamás filmada, Ben-Hur (William Wyler, 1959), los dos hombres habían sido amantes. Charlton Heston, que interpretó a Judá Ben-Hur, tuvo una reacción furibunda cuando le hablaron de las connotaciones homoeróticas. Todavía hoy, 58 años después del estreno de la película, la interpretaciones son apasionadas y dispares.

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Hollywood armarizado (no es país para truchas)

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En 1997 Rupert Everett parecía destinado al estrellato. Su interpretación de George en La boda de mi mejor amigo fue uno de los personajes más populares del año, no solo porque aguantaba muy bien las tonterías de Julia Roberts (sentando las bases culturales de en qué consiste una amistad entre un gay y una mariliendres), sino porque lo hacía con mucha gracia y carisma. Tanto encanto tenía que, tras los primeros pases de público, rodaron un nuevo final para que él cerrase la película y no Dermot Mulroney (que tenía el carisma de una acelga).

Tal y como sabéis los de mi quinta (es decir, los que no os estáis preguntando “¿quién coño es Rupert Everett?”), su carrera empezó y acabó con La boda de mi mejor amigo. Su elegancia, fotogenia e intuición cómica fueron eclipsados por un detalle muy relevante en los 90: tenía más pluma que un pavo real. Partiendo de la base de que Everett solo podría interpretar personajes gays, sus opciones quedaban limitadas: no hay tantos papeles para gays en Hollywood, y Rupert solo podría hacer los secundarios, porque los gays protagonistas están reservados a actores heterosexuales que quieren demostrar su valentía y versatilidad (“versatilidad”).

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