Con ‘Pulp Fiction’ el gran público se hizo mayor de golpe

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Hace 25 años Quentin Tarantino fue convocado para la ceremonia de clausura del festival de Cannes. Tanto él como su acompañante, el productor Harvey Weinstein, asumieron que subiría a recoger el premio a mejor guión por Pulp Fiction, quizá una mención especial o un galardón para los actores: Samuel L. Jackson sonaba improbable, ya que tres años antes el festival se había sacado de la manga una categoría inédita (mejor actor secundario) solo para premiarle por Fiebre salvaje, pero John Travolta tenía opciones. Aquel año la crítica se había escandalizado con Pulp Fiction y sí se había mostrado unánime con La señora Parker y el círculo vicioso, Exótica y Tres colores: rojo, que todo el mundo daba por ganadora segura de la Palma de oro.

Cuando solo quedaba un premio, el Palais fue invadido por los gritos de Weinstein: “la Palma de oro Quentin, ¡te van a dar la puta Palma de oro!”. Efectivamente. Mientras Tarantino subía al escenario a recoger el gran honor del festival entre aplausos y abucheos, una señora gritaba “Scandale! Fasciste!”. El director cogió la Palma de oro, miró a su enemiga y le enseñó el dedo corazón. Con esa imagen pasaría a la posteridad su victoria. En aquel momento nadie lo sabía, y desde luego esa señora ultrajada no se lo podía ni imaginar, pero Quentin Tarantino acababa de cambiar el cine tal y como lo conocíamos hasta entonces.

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Cómo Kim Kardashian y Kanye West se han convertido en las personas más influyentes del planeta

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“Porque estaba cachonda y porque me apetecía”. Así le explicaba Kim Kardashian a su hermana Khloe su motivación para grabar el vídeo casero erótico filtrado en 2007, supuestamente sin su consentimiento, por la productora porno Vivid Entertainment. Aquella sex tape acabaría siendo la génesis de su transformación de hija más guapa del mejor amigo y abogado de O.J. Simpson, Robert Kardashian, en mujer más observada del planeta y por tanto, en tiempos de Instagram, la más poderosa. Keeping up with the Kardashians, su reality show, reinventó la forma de consumir a las celebridades: ya no huían de las cámaras, sino que las invitaban al salón de sus casas para controlar su imagen en un mundo digital donde nadie está a salvo de atentados contra ella.

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