Nicolas Cage: la retirada de un mito

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La próxima película de Nicolas Cage (California, 1964) podría ser la última, aunque él lleva 35 años interpretando cada papel como si fuera el último. El apodado Jimmy Stewart marciano personificó esa reflexión popular de que “quien a los 20 años no es revolucionario no tiene corazón y quien lo sigue siendo a los 40 no tiene cabeza”. Lo hizo cuando en 1995 ganó un Oscar por Leaving Las Vegas y decidió estrangular su carrera anterior de actor de arte y ensayo al servicio de genios locos como su tío Coppola (La ley de la calle), los Coen (Arizona Baby) o Lynch (Corazón salvaje).

La antiestrella que se había arrancado cuatro muelas para sentir el dolor de los soldados en Vietnam (Birdy) y se había comido una cucaracha cuando el guion indicaba que ingiriera un huevo duro (Besos de vampiro) mutó en producto pirotécnico al por mayor.

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Las 10 mejores películas de Nicolas Cage y sus 5 épicos fracasos

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Lleva una década flirteando con el desastre, haciendo equilibrismo sobre la cuerda floja de la parodia, el circo personal y la debacle profesional. Pero Nicolas Cage ha sido un gran actor (con un Oscar, Leaving Las Vegas, 1995) y siempre se espera que vuelva a su mejor momento.
Nicolas Kim Coppola (California, 53 años) resurgió de las cenizas del ostracismo de su clan familiar cuando se rebautizó a sí mismo en honor del superhéroe de Marvel Luke Cage. Y como él, Nicolas tiene poderes mundanos y únicos con los que enfrentarse a los malos (esos que no creen en él). Su carrera se divide en tres episodios muy delimitados por el dinero: cuando no lo tenía, se reveló como el actor más visceral y valiente de su generación; cuando lo consiguió, se lo pasó bomba liderando épicas películas de acción chatarrera; cuando lo perdió todo, dijo que sí literalmente a todos los trabajos que le ofrecían.

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Siete millones por cuatro minutos: los sueldos más groseramente altos del cine

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La vida de un aspirante a actor en Hollywood es escabrosa. Todos abandonan la universidad porque no hay tiempo que perder y por tanto ninguno tiene un plan B. La mayoría malviven de casting en casting acumulando rechazos y papeles insignificantes, pero la promesa del triunfo es demasiado seductora. El prestigio no se regala, hay que ganárselo. ¿Y qué hacen la mayoría de estrellas cuando alcanzan la gloria? Volver a los papeles insignificantes. La diferencia es que cada minuto en pantalla les acerca más a liquidar la hipoteca de su nueva mansión. Dinero fácil, trabajo cómodo y apariciones estelares a su medida que sin embargo no contaminan su estatus de estrellas globales. Estas son las estrellas que más han amortizado dejarse caer por un rodaje durante un par de días.

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¡No me puedo creer que sea una peluca!

Ben-Affleck-Argo

Puede que tener cuatro pelos de rata sea un problema para encontrar novio, pero no para ser una estrella de Hollywood. En la fábrica de sueños, no hay problema que una buena mata de pelo de plástico no pueda solucionar, y por ello quiero rendir un homenaje a aquellas estrellas que utilizaron pelucas para meterse en su papel, y de paso, hacer el ridículo ante millones de personas. Algunas parecían payasas, otras parecían travestis, pero lo que todas tienen en común es que nos dimos cuenta en aproximadamente tres segundos.

Y es que tengo que confesar que tengo una pequeña obsesión llamada “caza la peluca”, que consiste en identificar el pelo falso en toda película que veo. Me fascina y me distrae del diálogo, pero no puedo evitar cazar pelo falso allá dónde voy. Todo empezó cuando vi ‘El Guardaespaldas’hace ya 20 años. No podía dejar de admirar cómo el peluquero de Whitney Houston había conseguido este look, este otro y este otro en tan poco tiempo. Hasta que mi hermana derrumbó el mito y todas mis ilusiones diciéndome que todo eran pelucas, porque Whitney estaba calva en la vida real. Desde entonces, he perseguido pelucas allá donde voy, y ese conocimiento me ha llevado a elaborar este riguroso estudio.

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