Los cabos sueltos de la muerte de Heath Ledger, el primer mito cinematográfico del siglo XXI

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Heath Ledger había concertado un masaje para las 15.30 h. La cita sería en su casa del 421 de Broome Street del Soho neoyorquino. La masajista llamó a la puerta, pero nadie abrió. Fue cuando ella solicitó la ayuda del portero, que tenía una llave de la vivienda. Cuando abrieron encontraron al actor desnudo sobre su cama, inconsciente y con pastillas para dormir tiradas en la mesilla. Era el 22 de enero de 2008 y Heath Ledger había fallecido a los 28 años. La causa sigue siendo un misterio. La más aceptada es una sobredosis accidental de somníferos (Restoril y Unisom), narcóticos (oxicodona e hidrocodona) y tranquilizantes (Valium y Xanax).

“Nunca me he planteado acostarme con un hombre, pero si tuviera que hacerlo sería él. Contratadle inmediatamente”. Esto es lo que dijo Gil Junger, el director de la primera película de Ledger, 10 razones para odiarte(1999). Con 16 años y menos de un dólar en el banco, Heath Ledger (Perth, Australia, 1979 – Nueva York, Estados Unidos, 2008) se mudó a Sidney, la ciudad donde los australianos van a cumplir sus sueños. Allí consiguió su primer papel importante, el galán de 10 razones para odiarte.

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https://elpais.com/elpais/2018/09/05/icon/1536149480_582807.html

No dejemos que la muerte de River Phoenix eclipse su vida

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Chris Chambers era el líder de nuestra pandilla, y mi mejor amigo. Él venía de una mala familia, y todo el mundo sabía que acabaría mal. Incluido Chris».

Así describía Gordie Lachance (Richard Dreyfuss) al personaje interpretado por River Phoenix en Cuenta conmigo. Escuchada hoy, esa frase adquiere otro significado. No porque resulte premonitoria, irónica o efectista, sino porque provoca un escalofrío en el espectador. La muerte de Phoenix a los 23 años por sobredosis ha acabado trascendiendo a la tragedia en sí para convertirse en un símbolo cultural, porque estaba a punto de ser una estrella; un símbolo mediático, porque la prensa lleva casi 24 años tratando de constuir una moraleja en torno a ella sin éxito; y un símbolo generacional, porque aquel suceso funciona como una línea trazada entre la Generación X (los que recuerdan a River Phoenix) y los millennials (los que no tienen ni idea de quién es). Pero por encima de todo, la muerte de River Phoenix se ha sobredimensionado hasta el punto de eclipsar su propia vida. Porque hoy, al escuchar su nombre, uno piensa primero en su muerte antes que en cualquiera de sus películas.

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